
Mentiroso
Hay quien miente por oficio y nos hace bien. José Alfaro en escena.
HISTORIAS DE UN ESCRITOR
IsraelMR
9/11/20262 min read


He de confesar que algunos de mis amigos mienten. Quizá todos, tal vez sólo más de uno, pero por lo menos uno de ellos lo hace. Descaradamente va de aquí para allá pavoneándose entre una mentira y la otra. Un día es asesino, al otro es un joven humilde, e incluso en ocasiones se deja llevar como ricachón o como padre de familia. Vaya deshonestidad.
Cuando lo conocí, sin más ni más, se envolvió en una larga gabardina oscura y entre improperios silenciosos se comportó como un ser malévolo. Entre movimientos y miradas desmenuzaba el alma para representar al mal. Y luego, ya que consideró que había terminado su acto, simplemente pasó a saludar como si aquello hubiera sido tan sólo un juego.
Entre palabras, sus mentiras toman un sentido que transforma el ambiente. Juegos rebuscados y otros no tanto, me hablan sobre historias que no tienen sentido, pero que parece que sí lo tienen. Instantes los transforma en irrealidades sobre las que pretende que uno se deje llevar y, de forma abusiva, lo logra. En ocasiones se para altivo y habla. Desenmaraña al tiempo a través de sus mentiras.
Lo logra, vaya cómo lo logra.
Apenas lo volví a ver. Él sigue fomentando su problema. Ahora me contó una historia en la que el amor perdía su sentido a partir del aburrimiento y el egoísmo. Yo sabía que mentía, pero lo dejé jugar en su historia. Me mostró cómo fue que su amada lo dejó por un “alguien más”. Me contó cómo, en una reunión arbitraria, todo se salió de control y cómo, en la vida cotidiana, tendemos a mentir con naturalidad, o pretendiendo que no se note. Según él.
La historia, uf… la inventó tan bien que lucía real. Sonaba a una más de sus falsedades, pero cada evento, cada elemento de los que me contó fue tan… tan… vaya, en algún momento pensé que podría ser verdad, sólo que sabía que él es un mentiroso profesional y que debía de ser otra de sus “anécdotas”.
Lo sigo viendo… Nos encontramos poco en realidad, pero siempre es una buena experiencia. Quizá me hace entender la vida a partir de mundos que no son míos, y quizá que tampoco son de él. De cualquier manera, termino por pasarla bien a través de sus mentiras sistemáticas y, quizá, de su pasión.
El mundo de la actuación es exquisito. Deforma espacios, transforma miradas y juega con los movimientos y con la palabra. Una entonación, quizá una mueca o un leve movimiento, lo terminan por modificar todo. Una sonrisa socarrona, una mirada perdida, o la desesperación. Cuando atiendo las historias de mi amigo mentiroso disfruto de su pasión y me permito ser envuelto por sus actos. Sonrío y sufro, y quizá también vivo.
Espero pronto regresar a ese mundo de mentiras y verdades, espero poder disfrutar del teatro mucho tiempo más.
Nos leemos pronto...



